…Entender el cooperativismo de trabajo asociado es muy difícil porque es fácil precisar el contenido y la razón de ser, pero no es fácil entender un concepto de compensación cuando primero hay que producir solidariamente los ingresos económicos, es complejo comprender que no pueden regalar su trabajo ni su producción a precios inferiores de los especulativos del medio, pues solo sería provechoso para las cadenas de intermediación; no es del todo comprensible que el concepto de seguridad social no puede ser una obligación legal pues la posibilidad de sufragarlo está ligada a los excedentes cooperativos y también se sale de la lógica que algunos de los asociados dirijan pero que no exista el concepto de patrón y obrero.

Quiénes sí son capaces de entenderlo y practicarlo?  Los Recicladores, a quienes la calle y la exclusión han curtido de resistencia y de amor por un trabajo que permite una subsistencia precaria, pero al fin y al cabo subsistencia; que jamás han buscado la piedra filosofal para lamentar su pobreza, pero si para conjeturar sobre la vida digna y sobre el derecho a una comida caliente y a una cama limpia donde culminar una durísima jornada, sin permitir que estas reflexiones se conviertan en un discurso diletante, sino en la conformación de una movilización nacional, latinoamericana y mundial por el reconocimiento, la valoración y la justa compensación de un trabajo del que se beneficia toda una sociedad.

Han entendido y muy bien, las singularidades del trabajo asociado, los Recicladores, que en estos aciagos tiempos de la pandemia, confinaron en sus casas a los más débiles y desprotegidos, pero todo el que tenía edad y fuerzas para trabajar permaneció en las calles, produciendo esta vez no solo su sustento y el de su familia, sino también el de los Recicladores confinados; haciendo también un inmenso aunque poco reconocido aporte a la salubridad de toda la sociedad; el virus ha demostrado ampliamente que se previene y combate con estrictas medidas de higiene, y que han hecho los Recicladores si no es mantener la higiene pública?, es decir, proteger a toda la sociedad.  Con orgullo los Recicladores nos unimos a la afirmación social, el personal de la salud son nuestros héroes la primera línea de combate contra la enfermedad, los reconocemos, los valoramos, los defendemos; pero los Recicladores somos entonces la línea cero porque nos hemos encargado de atender el aseo público, vital para los sanos, los enfermos, los médicos, los enfermeros, los más pobres, los menos pobres, el cercano y el lejano

Las anteriores y muchas otras razones que aquí ni alcanzamos a enumerar son las expresiones de la utopía, que no es un sueño absurdo e irrealizable, sino por el contrario, el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor, y por la utopía, Planeta Verde llega a sus veinte años de gestión, conocida y reconocida a nivel local, nacional e internacional por la belleza de su trabajo, por la dignidad de sus asociados y muy especialmente por su sentido de la asociatividad con propósito, la defensa del trabajo del Reciclador.  Por eso su presencia y participación son hoy pilares fundamentales de la Asociación de Recicladores de Antioquia, de la Asociación Nacional de Recicladores, de las redes latinoamericana y mundial de Recicladores y de otros espacios desde locales hasta orbitales donde se alzan las voces de la defensa, del reconocimiento, de la valoración y de la dignidad.

En sus veinte años todos le remitirán a Planeta Verde mensajes muy merecidos de felicitación; desde la Asociación de Recicladores de Antioquia, también, pero por encima de la felicitación queremos poner y resaltar un mensaje de gratitud, muchas gracias por creer y hacer parte de la integración y la representación, muchas gracias por los consensos y disensos que nos permiten generar ideas que muchas veces desafían las realidades posibles pero que construyen y aportan;  muchas gracias por como dice la poetisa Panameña, Consuelo Tomás, no tener bolsillos para la desnudez ni memoria para el llanto, comprar las utopías que ya no compra nadie y seguir la ruta de las aguas, en su afán de mar y de horizonte.

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